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miércoles, 5 de marzo de 2014

Nuevas dataciones confirman que la ocupación neandertal de Jarama VI es más antigua de lo que se pensaba

Hasta hace un par de años, la comunidad científica pensaba que los neandertales –Homo neanderthalensis– ocuparon el yacimiento de Jarama VI (Guadalajara, España) hace unos 30.000 años, y que ese abrigo rocoso fue una de sus últimas moradas en la península. Las técnicas utilizadas se limitaban al carbono 14, impreciso para medir períodos de tiempo superiores a 50.000 años. 

Ahora, un equipo internacional de científicos ha estudiado los sedimentos con métodos más sofisticados y concluye que la ocupación es anterior a lo que se pensaba. En la investigación han participado científicos de la UNED, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), de la Universidad de Burgos, de la Universidad de Colonia (Alemania), del Museo Neandertal de Mettman (Alemania) y de la Universidad Nacional Australiana.

“Con este trabajo demostramos que esas ocupaciones neandertales son mucho más antiguas y se remontan a hace unos 50.000 años como mínimo”, afirma Jesús F. Jordá, investigador del departamento de Prehistoria y Arqueología de la UNED y uno de los autores del estudio. El trabajo, que se publica en la revista Quaternary Research, confirma así las fechas publicadas hace un año en la revista PNAS.

Además de corroborar estos datos –pero con otras técnicas–, el análisis de las muestras descarta que, en una fecha más reciente, en la cavidad habitara una comunidad de Homo sapiens, el sucesor natural del neandertal. “Los restos tecnológicos recuperados de esa ocupación son inequívocamente atribuibles a un grupo constituido por humanos de la especie Homo neanderthalensis”, asegura Jordá.

Los científicos se han centrado en dos líneas de investigación: el análisis de los sedimentos que componen los diferentes niveles del yacimiento y el estudio de la cronología de estos estratos. “Hemos trabajado con un elevado número de muestras, procurando que éstas fueran significativas de los distintos niveles”, añade el experto.

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Los científicos, en Jarama VI durante la toma de muestras de noviembre de 2010. (Foto: Jesús F. Jordá)

Para la primera línea han utilizado técnicas de sedimentología y micromorfología –que estudian las características de los granos y los rasgos dejados por los procesos sedimentarios, respectivamente–, y para la segunda, la técnica de la luminiscencia.

Este método de datación se basa en la medición de la luz que emiten los cristales de los minerales cuando se ven sometidos a calentamiento o son expuestos a la luz, visible o infrarroja”, explica el arqueólogo. En su caso, la técnica usada fue la que se basa en radiación infrarroja, conocida como IRSL (Infrared Stimulated Luminiscence, por sus siglas en inglés).

El análisis micromorfológico de los sedimentos ha permitido estudiar con una gran precisión el proceso de acumulación de los restos. Así, el estudio refleja que a la alteración de la roca del suelo le siguió la caída de bloques desde el techo en una época fría y húmeda. A continuación, se produjo una sedimentación fluvial fruto de varios desbordamientos del río Jarama, seguida de una nueva caída de bloques de roca del techo y, por último, tuvo lugar la precipitación química de carbonato cálcico con la formación de una brecha y de una corteza estalagmítica, de la que quedan escasos restos en la actualidad.

Las ocupaciones humanas se produjeron en los dos momentos en los que el clima era más frío y el hielo desprendía bloques de roca del techo de la cavidad, y también, al final del episodio fluvial”, afirma el experto. Es precisamente el proceso de sedimentación fluvial el que se ha podido situar ahora en el tiempo, ocurrido hace 50.000 años.

Con estas últimas dataciones, los arqueólogos descartan de forma tajante que el yacimiento fuera una de las últimas moradas de los neandertales en la península, como se pensaba, y que éstos coincidieran aquí con los humanos modernos –Homo sapiens–, como también se apuntaba.

Con los datos actuales, en el centro de Iberia, entre la extinción de los neandertales y la llegada de los primeros humanos modernos hay un vacío poblacional de más de 20.000 años”, indica Jordá. No obstante, “queda por verificar si en el sur de Iberia –en Cueva Antón (Murcia) y Gibraltar– los neandertales llegaron hasta fechas más recientes y coincidieron con los sapiens”, puntualiza.

Por tanto, y con los datos publicados hasta ahora, los expertos sugieren que el último refugio de los neandertales en Iberia pudo estar en la cornisa cantábrica, donde existen indicios de que coincidieron con los humanos modernos, tal y como revelan diferentes estudios, entre ellos uno realizado recientemente en la cueva de la Güelga (Asturias).

El siguiente paso ahora en el yacimiento de Jarama VI es estudiar cómo era la vida cotidiana de los neandertales que lo habitaban, gracias al análisis de los restos de animales que consumían y al estudio de los instrumentos líticos que usaban. Los científicos también están tratando los restos de polen depositados junto a los sedimentos para conocer las características de la vegetación del alto valle del Jarama hace 50.000 años. (Fuente: UNED/DICYT)
http://noticiasdelaciencia.com/not/9738/nuevas_dataciones_confirman_que_la_ocupacion_neandertal_de_jarama_vi_es_mas_antigua_de_lo_que_se_pensaba/

domingo, 9 de febrero de 2014

Uso doméstico de fuego hace 300.000 años

Hace quizá tanto tiempo como un millón de años, el Ser Humano descubrió que el fuego podía ayudarle en algunas cosas, como por ejemplo para combatir el frío o para ahuyentar a las fieras.

Pero ¿cuándo empezó realmente a controlarlo y a usarlo de manera sistemática para sus necesidades cotidianas? Esa pregunta, fundamental para ayudar a determinar cuándo y cómo surgió la civilización humana, ha sido difícil de responder, y ha estado abierta a muchas controversias. Quizá ahora la respuesta definitiva esté más cerca de ser encontrada, gracias al descubrimiento hecho recientemente por un equipo de científicos en la Cueva de Qesem, un importante yacimiento arqueológico en Israel, de la evidencia inequívoca más antigua, con unos 300.000 años de antigüedad, de uso repetido de fuego durante un período continuo de tiempo. Este hallazgo no sólo ayudará a responder la anterior pregunta, sino que sugiere que esos humanos prehistóricos ya tenían una estructura social y una capacidad intelectual muy avanzadas.

Las excavaciones en la Cueva de Qesem comenzaron en el año 2000. El equipo lo encabezan Avi Gopher y Ran Barkai de la Universidad de Tel Aviv en Israel.

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Fotografía de la cueva durante una fase de las excavaciones. La flecha apunta hacia la chimenea. (Foto: Instituto Weizmann)

Ruth Shahack-Gross, del Instituto Weizmann de Ciencia, en el mismo país, ha participado en esta investigación arqueológica desde que comenzaron las excavaciones. Ella recolecta muestras en el yacimiento arqueológico para un análisis detallado posterior en el laboratorio. Shahack-Gross, especializada en identificación de materiales arqueológicos, identificó un depósito grueso de ceniza de madera en el centro de la cueva. Usando espectroscopia infrarroja, ella y sus colegas pudieron determinar que, mezclados con las cenizas, había trozos de hueso y tierra que se habían calentado hasta temperaturas muy altas. Esto fue una prueba concluyente de que el área había sido el emplazamiento de una gran chimenea, en el sentido de espacio habilitado para hacer fuego en él de manera controlada y usarlo para cocinar y como calefacción.

Luego, Shahack-Gross analizó la micromorfología de la ceniza. Ella pudo apreciar señales claras de que la chimenea se utilizó repetidamente a lo largo del tiempo.

Alrededor del área de la chimenea, así como en su interior, los arqueólogos encontraron gran cantidad de herramientas de sílex que claramente fueron usadas para cortar carne. Por el contrario, las herramientas de sílex encontradas a pocos metros de distancia tenían una forma diferente y fueron diseñadas para otras actividades. También dentro y alrededor de esa área había una gran cantidad de huesos quemados de animales, una prueba más del uso reiterado del fuego para cocinar carne. Shahack-Gross y sus colegas han mostrado que esta organización de diversas actividades "domésticas" en diferentes partes de la cueva indica una organización del espacio, y por tanto cierto tipo de orden social, que es típico de los humanos modernos. Esto sugiere que la cueva era una especie de campamento base al que los humanos prehistóricos, esencialmente cazadores-recolectores, volvían una y otra vez
.http://noticiasdelaciencia.com/not/9515/uso_domestico_de_fuego_hace_300_000_anos/

lunes, 18 de noviembre de 2013

La relevancia del acto de cocinar en la evolución del cerebro humano

La científica brasileña Suzana Herculano-Houzel ha realizado a lo largo de su carrera numerosos estudios comparativos del cerebro humano con el de otras especies animales.

Más que la invención del fuego, lo que realmente nos hizo humanos fue aprender a utilizarlo para cocinar. Con esta afirmación, la académica de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Suzana Herculano-Houzel, sorprendió a una audiencia que escuchó atenta su teoría sobre cómo la capacidad de cocinar desarrollada por los seres humanos hace unos dos millones de años, ha sido fundamental en la evolución de nuestro cerebro. Esto debido a que nos permite ingerir alimentos con más calorías en menor tiempo, lo que reduce la cantidad de horas que dedicábamos a alimentarnos y buscar comida.

En el marco del aniversario n
úmero 43 de la Facultad de Ciencias Biológicas, la científica brasileña visitó la Universidad Católica (Chile) para presentar la conferencia denominada: "The human brain in numbers: what the distribution of neurons in the human brain tells about human evolution". Esta fue sobre la base de un polémico artículo publicado en 2007 en la revista Proceeding of the National Academy of Sciencies (PNAS), de Estados Unidos, donde la experta invitada fue la autora principal
La investigación de Herculano-Houzel aborda la relación entre el tamaño del cuerpo y el número de neuronas de los primates y estableció que las dimensiones del cuerpo están en directa relación con lo que tienen que consumir. En ese contexto, los seres humanos son los primates con el cerebro más grande y con la mayor cantidad de neuronas (86 mil millones), a pesar de no tener el cuerpo más grande de todos. Así, la investigación de Herculano profundiza en el hecho de que los seres humanos son la única especie que se cocina sus alimentos. Homo erectus habría surgido hace unos dos millones de años, como resultado de esta característica única.

El acto de cocinar habr
ía presentado un profundo efecto evolutivo, ya que aumentó la eficiencia alimentaria que permitió a los ancestros humanos pasar menos tiempo alimentándose, masticando y digiriendo. De esta forma dispuso de más tiempo de ocio para realizar actividades conductuales que habrían favorecido el despliegue de habilidades cognitivas y por ende del desarrollo de la corteza cerebral.
 A lo largo de su trayectoria, Herculano-Houzel ha estado interesada en el origen evolutivo de la diversidad del sistema nervioso. Así, la académica ha efectuado estudios comparativos del cerebro humano con otras especies animales. A través de las normas que rigen las escalas celulares del cerebro, en desarrollo y evolución, investiga la relación entre el número de neuronas y glías, así como el tamaño del cerebro entre especies y órdenes, y cómo se relacionan con la conectividad neuronal, la escala de la materia blanca y el plegamiento de la materia gris. Todo lo anterior para comprender cómo se alcanza el tamaño del cerebro adulto y su composición celular en el desarrollo.

Herculano- Houzel es becaria de la Fundación James McDonnell, de la Fundación de Investigaci
ón del Estado y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Brasil. Además, ha publicado 22 libros y capítulos de libros y más de 200 columnas en diarios con temáticas relacionadas con la neurociencia de la vida cotidiana. (Fuente: UC/DICYT

http://noticiasdelaciencia.com/not/8761/la_relevancia_del_acto_de_cocinar_en_la_evolucion_del_cerebro_humano/

Sin noticias del antepasado común de neandertales y sapiens

Un estudio de dientes indica que las dos especies se separaron hace un millón de años, mucho antes de lo que sugieren los estudios moleculares

Dientes fósiles de homínidos utilizados en el estudio. / AIDA GÓMEZ- ROBLES
Aunque los fósiles nunca son suficientes para los paleontólogos, se han descubierto abundantes restos de homínidos africanos de hace algunos millones de años y de los mucho más recientes europeos neandertales. Pero no han aparecido todavía fósiles que puedan claramente definirse como de la última especie ancestral de los neandertales y los sapiens actuales, el último antepasado común antes de dividirse las dos ramas evolutivas. En el registro fósil mundial hay un agujero negro en torno a hace un millón de años, y el antepasado común podría tener precisamente esa edad , señala José María Bermúdez de Castro, codirector de Atapuerca. Ahora una investigación reciente sobre 1.200 piezas dentales (molares y premolares), de 13 especies de homínidos de antigüedad muy variada, concluye que ninguna de ellas representa a ese antepasado común. Pero el estudio, liderado por Aída Gómez-Robles, indica que esa separación entre neandertales y sapiens debió producirse hace un millón de años, mucho antes de lo que indican los cálculos basados en el reloj molecular, es decir, en la divergencia genética teniendo en cuenta la tasa de mutación. Otros estudios paleontológicos sitúan el ancestro común entre 500.000 y un millón de años, como mucho.
En la investigación, presentada esta semana en la revista Proceedingsde la Academia Nacional de Ciencias (EE UU), PNAS, y liderada por Aída Gómez-Robles (Universidad George Washington, en  EE UU), se han aplicado métodos cuantitativos (morfométricos y estadísticos) centrados en la forma de los fósiles dentales (muchos de ellos de Atapuerca, pero también africanos y asiáticos) y la conclusión es que ninguno se ajusta al perfil definido para ese ancestro común.
En 1997, cuando se dieron a conocer los primeros fósiles hallados en el yacimiento de Gran Dolina, en Atapuerca, los científicos presentaron una nueva especie que bautizaron Homo antecessor (que significa el hombre explorador) y que propusieron entonces como ancestro común de neandertales y sapiens. A partir de 2003 ellos mismos rectificaron sus conclusiones y consideraron que Homo antecessor quizá no se encontraba en la encrucijada que conducía a los neandertales y a los humanos modernos. Ahora, con muchos más fósiles rescatados y estudiados, siguen considerándola muy cercana al ancestro común, tanto que podría seguir siendo el mejor candidato mientras no se demuestre lo contrario, afirma Bermúdez de Castro, investigador delCentro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH, en Burgos). Homo antecessor, del que se han recuperado ya unos 150 fósiles (50 de ellos piezas dentales), tiene 850.000 años de antigüedad (950.000 según otras dataciones) y un cara moderna, como la del Homo sapiens, junto a tres rasgos, al menos, que antes se consideraban exclusivos de los neandertales: en la clavícula, en la parte distal del húmero y en el primer molar superior.
Otros colegas identifican al ancestro común con la especie Homo heidelbergensis, continúa Bermúdez de Castro, pero es una especie (propuesta en 1907) con una horquilla demasiado amplia en su distribución geográfica y en su diversidad, y que está datada entre 300.000 y 600.000 años aproximadamente. Esta especie tampoco encaja bien, según el estudio presentado en PNAS.
Desde los estudios genéticos de reloj molecular, la divergencia de las dos especies también tiene una horquilla muy amplia (entre 300.000 y 800.000 años), señala Bermúdez de Castro, que se irá acotando a medida que se realicen nuevos estudios. En el artículo en Proceedingsse referencian unos 450.000 años por parte del reloj molecular y en torno a un millón de años, según otros análisis paleontológicos.
La conclusión que aportan Gómez-Robles, Bermúdez de Castro, Juan Luis Arsuaga, Eudald Carbonell (los tres codirectores de Atapuerca) más David Polly (Universidad de Indiana) en Proceedings, sitúa la divergencia en un millón de años y ninguno de los fósiles analizados cumple los requisitos que ellos establecen paras ser la especie ancestral común.
¿Dónde estaría el ancestro común? ¿Quién sería?
Creo que debe haber una especie de hace un millón de años, ya con una cierta modernidad y en un punto intermedio entre África y Europa, quizá en Oriente Próximo, sugiere Bermúdez de Castro. Los conflictos permanentes en esa región del planeta hacen muy difícil la búsqueda de yacimientos apropiados, añade. Sería un descendiente de Homo ergaster o de Homo erectus y, dicho simplemente, algunos de sus descendientes viajaron tal vez en varias oleadas hacia Europa y evolucionaron hacia H. antecessor, la población recuperada en la Sima de los Huesos de Atapuerca y más tarde los neandertales, mientras que otros descendientes se habrían desplazado hacia África dando origen aHomo sapiens. Esta rama africana se extendió mucho más tarde hacia Europa y desplazó a los neandertales hasta su extinción.
Pero además de la falta de fósiles de esa época concreta, la discrepancia de fechas entre la información que proporcionan los fósiles y los estudios genéticos sigue siendo un problema. Estas diferencias no pueden ser ignoradas, sino que es necesario encontrar una forma de conciliarlas, afirma Ana Gómez-Robles, que se formó en la Universidad de Granada y el CENIEH, y actualmente en el Centro de Estudios Avanzados de Paleobiología de Homínidos de la Universidad George Washington. Nuestro primer objetivo es situar las cuestiones sobre evolución humana en un contexto evaluable y cuantitativo y ofrecer un método objetivo para ordenar debates sobre la filogenia de los homínidos que parecen no tener solución, añade. Además, ese método aplicado ahora a las piezas dentales, se puede utilizar para otras partes del esqueleto, explica.
Aunque ahora se aporten nuevos e importantes elementos de análisis, sigue abierta la polémica y la búsqueda de fósiles de antepasado común de neandertales y sapiens.