jueves, 13 de marzo de 2014

Las adolescentes obesas tienden a tener un menor rendimiento escolar

La obesidad en chicas adolescentes está asociada con niveles de rendimiento académico más bajos durante esa etapa de su vida, según un nuevo estudio.

La investigación llevada a cabo por el equipo de Josie Booth, de la Universidad de Dundee, y John Reilly, de la Universidad de Strathclyde, ambas instituciones en el Reino Unido, es el estudio más completo realizado hasta la fecha sobre la relación entre la obesidad y el rendimiento académico en la adolescencia.

Los resultados de esta investigación muestran que las chicas obesas, clasificadas mediante el índice de masa corporal (IMC, o BMI por sus siglas en inglés) a los 11 años, tenían un rendimiento académico inferior a esa edad y a los 13 y 16 años, en comparación con aquellas de peso normal. En el estudio se tuvieron en cuenta posibles factores alternativos, pero éstos resultaron no afectar a los resultados generales.

Las notas en las asignaturas principales de Inglés, Matemáticas y las de Ciencias para las chicas obesas eran más bajas por una diferencia promedio equivalente a un punto en una escala de cero a diez puntos, siendo cero la peor calificación posible y diez la mejor posible.

Las relaciones entre la obesidad y el logro académico en chicos eran menos claras.

Se necesitará investigar más para entender por qué la obesidad está relacionada negativamente con las notas.

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Las adolescentes obesas tienden a tener un menor rendimiento escolar, según el nuevo estudio. (Imagen: Amazings / NCYT / JMC)

En la nueva investigación se examinó información de casi 6.000 niños de un estudio longitudinal a cargo de la Universidad de Bristol, en el Reino Unido, y conocido como ALSPAC. Entre los datos figuran las calificaciones obtenidas en pruebas escolares nacionales a los 11, 13 y 16 años, y el peso. El 71,4 por ciento tenían un peso normal (1.935 niños, 2.325 niñas), el 13,3 por ciento tenían sobrepeso (372 niños, 420 niñas) y el 15,3 por ciento eran obesos (448 niños, 466 niñas).

Los investigadores tuvieron en cuenta factores potencialmente distorsionadores como privaciones socioeconómicas, salud mental, IQ (coeficiente intelectual), y edad de la joven en la menarquia, la aparición de su primera menstruación, pero vieron que nada de eso cambiaba la relación entre la obesidad y el rendimiento académico.
http://noticiasdelaciencia.com/not/9822/las_adolescentes_obesas_tienden_a_tener_un_menor_rendimiento_escolar/

sábado, 8 de marzo de 2014

Investigando las misteriosas olas gigantes submarinas

El efecto que las olas gigantes submarinas tienen en la superficie del mar es casi imperceptible, produciendo una cresta de no muchos centímetros de altura que puede pasar del todo desapercibida si el oleaje convencional es intenso. Por eso son tan difíciles de ver y han estado rodeadas por un halo de misterio desde que se documentó científicamente su existencia.

Antes de ser reconocidas por la ciencia, seguramente alimentaron más de una leyenda sobrenatural narrada entre marineros. Aunque su manifestación en la superficie marítima es sutil, bajo ella se revela toda su impresionante magnitud: Estas olas submarinas pueden alcanzar una altitud, desde su base, de cerca de un centenar de metros, y ejercen una notable influencia en el clima de la Tierra y en los ecosistemas oceánicos.

Ahora, una nueva investigación sobre las olas internas, realizada tanto en el océano como mediante los experimentos de laboratorio a la mayor escala de tamaños alcanzada hasta ahora, ha resuelto un misterio añejo sobre cómo se generan exactamente las más grandes olas submarinas conocidas en el Mar de la China Meridional.

A priori parece raro hablar de "olas submarinas", ya que, de inmediato surge una pregunta obvia: ¿Cómo distinguir a una de estas olas si está rodeada de agua?

La única diferencia entre una ola submarina y el agua que la rodea es su densidad, debido a las diferencias de temperatura o de salinidad que causan que el agua de mar se estratifique.

Aunque invisible al ojo, la frontera entre el agua más fría y más salada por debajo, y la más caliente y menos salada por arriba, puede ser detectada mediante los instrumentos adecuados. Esta frontera puede parecerse a la superficie del océano en algunos aspectos, incluyendo el oleaje. En este último rasgo, las olas que se generan allí abajo son capaces de alcanzar alturas enormes, viajan a enormes distancias y muy probablemente ejercen un papel clave en el proceso de mezcla de las aguas, ayudando a conducir hacia abajo a masas calientes de agua y absorbiendo calor de la atmósfera.

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Para sorpresa de muchos, las olas submarinas a veces se pueden ver claramente en imágenes captadas desde satélites, como en ésta del Estrecho de Luzón. (Foto: Datos MODIS, cortesía de la NASA / Imagen procesada en Global Ocean Associates)

Debido a que estas olas internas son difíciles de detectar, a menudo es un desafío estudiarlas directamente en el mar. Pero ahora, el equipo de Thomas Peacock, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Cambridge, Estados Unidos, y sus colegas, entre quienes se incluyen expertos de otras instituciones, de Francia y Estados Unidos, ha llevado a cabo el experimento más grande en tamaño de cuantos se han hecho hasta ahora en laboratorios para estudiar tales olas.

El equipo realizó los experimentos de laboratorio para estudiar la producción de olas submarinas en el Estrecho de Luzón, entre Taiwán y Filipinas. Allí se generan las olas internas más poderosas conocidas. Son olas con la altura de rascacielos, en palabras textuales de Peacock.

Se ha observado que estas olas, solitarias, alcanzan una altura de 170 metros (más de 550 pies) y, en lo que es otro rasgo llamativo, pueden viajar a una velocidad sumamente lenta, de unos pocos centímetros por segundo.

El fuerte forzamiento térmico y la geometría del relieve del fondo marino en el Estrecho de Luzón son las principales causas de que allí circulen algunas de las olas internas más fuertes de todos los océanos del mundo.

Las olas submarinas son una importante pieza perdida del rompecabezas del clima en los modelos digitales empleados para estudiarlo y para hacer pronósticos. En la actualidad, los modelos climáticos no son capaces de incorporar estos procesos, y es vital que los incorporen, ya que, de no hacerlo, algunos de los resultados obtenidos mediante tales modelos digitales pueden apartarse notablemente de la realidad.

La existencia de las olas internas en los océanos se sabe desde hace más de un siglo, pero desde entonces no se ha avanzado mucho en su conocimiento detallado debido a la dificultad de su observación. Entre las nuevas técnicas que han ayudado a conocer mucho mejor a estas enigmáticas olas se encuentra el uso de datos satelitales. Aunque las olas submarinas a menudo hacen elevar el nivel local del mar en menos de 3 centímetros (1 pulgada), los datos satelitales, acumulados durante un periodo suficiente, permiten discernir esta diferencia delatadora
.http://noticiasdelaciencia.com/not/9744/investigando_las_misteriosas_olas_gigantes_submarinas/

Los rostros que no olvidamos

En principio, un rostro que encontremos atractivo, y que nos atraiga sexualmente, se grabará en nuestra memoria con mayor facilidad y de manera más indeleble, que un rostro poco atractivo, porque habrá atraído mucho más nuestra atención. Por eso, en bastantes casos, días después de haber visto una cara atractiva y otra corriente, recordaremos a la primera pero no a la segunda.

Sin embargo, el atractivo físico, cuando se basa en rasgos demasiado típicos, como los que a menudo imponen las modas, puede hacer que una cara sea más difícil de recordar que otra menos atractiva pero con rasgos menos frecuentes en la población. Todo ello, por supuesto, excluyendo los casos obvios de caras con rasgos tan raros y llamativos que las recordaremos perfectamente.

En un nuevo estudio se ha profundizado en el curioso fenómeno psicológico de cómo a veces los mismos rasgos que dan atractivo físico a una cara, paradójicamente, pueden dificultar el recordarla.

Es lo que ha constatado el equipo de Holger Wiese, Carolin Altmann y Stefan Schweinberger, de la Universidad Friedrich Schiller de Jena en Alemania: Los rostros atractivos sin ninguna característica especial, dejan muy poca huella en nuestra memoria. Estos psicólogos comprobaron experimentalmente que los sujetos de estudio tendían a recordar mejor rostros poco atractivos, que los más atractivos, cuando éstos últimos no tenían rasgos distintivos que los hicieran claramente diferentes, y los primeros sí.

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De izquierda a derecha, Carolin Altmann y Holger Wiese. (Foto: Jan-Peter Kasper / FSU)

En el experimento, los investigadores mostraron fotografías de rostros a los sujetos bajo estudio. La mitad de los rostros fueron considerados más atractivos, y la otra mitad, menos. Todos, sin embargo, tenían rasgos muy comunes, sin ninguna característica claramente distintiva. Las fotos se mostraron a los sujetos de estudio sólo durante algunos segundos. Ese era todo el tiempo del que disponían para fijarse en los rostros y eventualmente memorizarlos. Durante la siguiente fase del experimento, les mostraron rostros y debían decir si los reconocían o no.

Los científicos se sorprendieron con el resultado: "Hasta ahora asumíamos que era más fácil recordar caras que fueran percibidas como atractivas, por el simple hecho de que preferimos ver rostros bonitos", explica Wiese. Pero los resultados mostraron que esa correlación no se sustenta fácilmente.

Además, el estudio reveló un segundo aspecto muy interesante: En el caso de los rostros atractivos, los científicos detectaron más falsos positivos, o sea que ante un rostro bello, los sujetos de estudio tendían más que ante uno vulgar a creer recordarlo del pase anterior de fotos cuando en realidad ese rostro atractivo no había sido mostrado en aquel primer pase. Wiese cree que eso puede reflejar una tendencia subconsciente a creer que reconocemos una cara sólo porque la encontramos atractiva
.http://noticiasdelaciencia.com/not/9743/los_rostros_que_no_olvidamos/

viernes, 7 de marzo de 2014

Implantes cocleares del todo internos

Los implantes cocleares, dispositivos médicos que estimulan eléctricamente el nervio auditivo, han concedido cierta capacidad auditiva a cientos de miles de personas en el mundo que de otra manera serían totalmente sordas. Sin embargo, las versiones existentes del dispositivo requieren que se coloque en el cráneo un transmisor con forma de disco de unos 2,5 centímetros de diámetro, y que un cable conecte el transmisor con el dispositivo que contiene el micrófono y la fuente de energía, el cual parece un audífono de tamaño superior al usual sostenido en la oreja del paciente.

Unos investigadores en el Laboratorio de Tecnología de Microsistemas, dependiente del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Cambridge, junto a médicos de la Escuela Médica de la Universidad de Harvard y el Hospital del Ojo y el Oído de Massachusetts, todas estas instituciones en Estados Unidos, han desarrollado un nuevo chip de procesamiento de señales de bajo consumo energético que podría conducir al desarrollo de un implante coclear que no requiera de hardware externo. Dicho implante se recargaría de forma inalámbrica y la carga le duraría unas ocho horas.

El equipo de Marcus Yip, Rui Jin, Nathan Ickes y Anantha Chandrakasan también ha fabricado ya un prototipo del cargador que se conecta a un teléfono móvil común y puede recargar el chip de procesamiento de señales en unos dos minutos.

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Poder volver a percibir sonidos, aunque sea con algunas limitaciones, es vital para personas con sordera total. (Imagen: Amazings / NCYT / JMC)

La idea de este diseño es que se pueda usar un teléfono, con un adaptador, para recargar el implante coclear y así no tener que necesitar una conexión física a éste. Incluso se podría diseñar una almohada especial, en la que bastaría apoyar la cabeza para activar la recarga.

Los implantes cocleares existentes usan un micrófono externo para captar el sonido, pero el nuevo implante podría utilizar en su lugar el micrófono natural del oído medio, que casi siempre está intacto en los pacientes con implante coclear.
http://noticiasdelaciencia.com/not/9745/implantes_cocleares_del_todo_internos/

Un 15% de los cánceres de mama tienen muchas copias de un gen metastásico

Su bloqueo impediría que el tumor se propagara

El 90% de los cánceres son mortales porque se expanden. Por eso, esta colonización de otros órganos, la metástasis, es uno de los objetivos de los investigadores. El último trabajo al respecto lo ha publicadoMolecular Cell, y lo ha dirigido un equipo de la Universidad de Cambridge con el que ha colaborado el Idibell (Instituto de Investigaciones Médicas de Bellvitge). Consiste en el descubrimiento de que en el 15% de los cánceres de mama hay una abundancia de copias del gen EMSY, y que esto debilita los controles propios para la metástasis.
Fiel a la línea de investigaciones de Manel Esteller, que dirige el Programa de Epigenética y Biología del Cáncer del Idibell, este trabajo apunta a una posibilidad de regular epigenéticamente la expresión de todos estos genes. La epigenética es el sistema regulador de la expresión de los genes, una especie de semáforo que indica que esas instrucciones biológicas pasen de la teoría (pueden estar en el genoma pero no manifestarse nunca) a la práctica.
Los investigadores han visto que si se apagaban las señales y se silenciaban las copias del gen, la capacidad de este para generar una metástasis desaparece. O, al menos, se debilita. “Este último hallazgo podría despertar el interés en buscar fármacos capaces de bloquear a la proteína EMS” comenta Esteller. “Además en este caso” añade el investigador “sería más fácil identificar las pacientes que podrían ser sensibles al fármaco ya que en principio serían aquellas que presentaran una sobredosis de este oncogén EMSY en el análisis genético. Sería un proceso similar al que ya se realiza para la detección del marcador HER2 en cáncer de mama que permite su tratamiento con un fármaco específico”.
Como en muchos de los trabajos recientes –sin ir más lejos, y por centrarnos en estudios con participación española, los publicados la semana pasada en Cell de Verónica González Bravo y Joan Massagué- se trata de estudios a los que faltan años de investigación para dar sus resultados, si es que llegan a concretarse en algún tipo de abordaje farmacológico. Pero, como siempre en medicina, el primer paso, que es encontrar una diana y elaborar un diagnóstico, está dado.

jueves, 6 de marzo de 2014

Un nuevo generador convierte el movimiento humano en electricidad

Un estudio internacional, publicado esta semana en la revista Nature Communications, presenta un dispositivo que aprovecha movimientos de la naturaleza, como el de las personas, para generar energía a través de la fricción. Otras ventajas de este generador son su pequeño tamaño y bajo coste.

Científicos chinos y estadounidenses han creado el generador que convierte el movimiento ambiental, como la brisa suave, la corriente de agua de un grifo y el movimiento del cuerpo, en energía eléctrica. El dispositivo, llamado generador triboeléctrico rotatorio, se basa en una tecnología eficiente y de bajo coste. 

El investigador principal, Zhong Lin Wang, del Instituto de Nanoenergía y Nanositemas de Pekín (China) explica a Sinc: “El efecto triboeléctrico es una electrificación inducida por contacto. Un material se carga eléctricamente después de entrar en contacto con otro material distinto a través de la fricción. Este efecto origina la electrostática cotidiana”.

Los generadores triboeléctricos funcionan con un principio similar a la transferencia de carga, es decir, como la que se genera al frotar un globo contra la ropa. “El nuevo generador triboeléctrico, que capta esta acumulación y la transferencia de carga eléctrica, presenta un diseño giratorio efectivo, robusto y económico”, apunta el científico.

En concreto, la carga generada por la rotación de superficies con diferentes afinidades de carga se transfiere como energía útil mediante una matriz de electrodos de oro. Según los autores, el dispositivo consigue una eficiencia del 24 % y demuestra su capacidad para generar energía renovable.

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El generador triboeléctrico rotatorio es una tecnología eficiente y de bajo coste. (Foto: Guang Zhu y Zhong Lin Wang)

En comparación a un generador normal, el nuevo ocupa menos espacio, al tener un volumen y peso inferior. “Sería la única solución cuando la instalación dispone de un espacio limitado”, comentan los investigadores.

Desde el punto de vista del rendimiento, tiene mayor densidad de potencia. Además, su estructura es simple y el proceso de fabricación también, por lo que su coste es bajo. Según el estudio, estas características abren las puertas a la obtención de energía a partir de fuentes renovables, incluida la que se produce por el movimiento cotidiano del cuerpo humano. 

Zhong Lin Wang subraya: “La energía que puede generarse del andar humano es de 67 W al día aproximadamente, y si contamos el movimiento de todo el cuerpo alcanza los 100 W”. Se trata de la energía necesaria para mantener encendida una bombilla de 100 W durante una hora, o bien una pequeña luz de apenas 1 W durante 100 horas.

Para los científicos, esta innovación tiene una amplia gama de aplicaciones, como recoger la energía del movimiento del cuerpo, de las vibraciones de la naturaleza, de las ondas de sonido, de las industrias, del movimiento de los coches, del viento, la lluvia y el oleaje.  (Fuente: SINC)
http://noticiasdelaciencia.com/not/9737/un_nuevo_generador_convierte_el_movimiento_humano_en_electricidad/

La vida en la Antártida


Han pasado las primeras semanas en la base y, como si el oscuro invierno nunca hubiese hecho acto de presencia, la actividad frenética ha retornado a este tranquilo rincón del planeta. La base, antes dormida, ha despertado de un invierno frío y largo. El ritmo en ella es de nuevo agitado y la gente pulula por los alrededores intentando aprovechar el corto verano de una campaña mucho más breve de lo habitual. Los proyectos científicos han de concluir antes de la llegada del buque que pondrá fin a la temporada. Por ello no se puede perder ni un solo día.
A las pocas horas de mi llegada a Isla Livingston paseaba con un par de investigadores en busca de zonas adecuadas para un nuevo muestreo de líquenes. El reencuentro con algunos lugares de la isla tras casi un año tiene algo de entrañable vuelta al hogar. Uno busca los detalles de los que quedó prendado hace tiempo. Hay una evidente curiosidad por ver cómo han cambiado las cosas durante la ausencia. Los cambios aquí pueden ser tan evidentes como los de una gran ciudad en la que se ha vivido antaño o los de un pequeño pueblo de veraneo al que se retorna tras el invierno: desde un glaciar que se ha retirado decenas de metros a una pingüinera con una población considerablemente diezmada. Ello percibí al reencontrarme con la colonia de pingüinos de Caleta Argentina, a escasos kilómetros de la base. Siempre da pena observar cómo lugares queridos se deshabitan. La innivación ha aumentado en las últimas campañas y, nada más llegar, el fenómeno salta a la vista. Todavía hay demasiada nieve para esta época del año, ello facilitará nuestro trabajo en el glaciar pues hará que se tapen muchas de las grietas sobre las que tenemos que pasar durante nuestro trabajo. Por otro lado complicará las labores de carga y descarga y apertura de los módulos durante el tiempo que estemos aquí.
Uno de los iglús de la base antártica española, en la isla Livingstone. / HILO MORENO
La base, de brillantes colores rojos que contrastan con la blancura de la nieve, está construida en varios módulos independientes separados entre sí por decenas o centenares de metros. Éstos se diseminan sobre una llanura situada cerca de la costa. Una llanura de roca negruzca, desnuda y libre de hielo. La disposición desperdigada tiene su sentido para evitar que, en caso de incendio, el fuego no se contagie de un módulo a otro. Al igual que en un barco en alta mar, este es el gran peligro para las bases científicas. En el año 2012 la estación científica brasileña Comandante Ferraz, situada en la Bahía Almirantazgo de la Isla Rey Jorge, en el mismo archipiélago Shetland del Sur donde nos encontramos, ardió pasto de las llamas y como consecuencia murieron dos personas y una más resultó herida.
Salir de la ducha y retornar al propio dormitorio implica un paseo considerable; lo mismo para ir a desayunar o acudir al módulo de habitabilidad a ver una película. La vida gira en torno a los horarios, marcados por el desayuno, la comida y la cena. El resto del tiempo lo pasamos trabajando y el domingo es el día de descanso. La base antártica española Juan Carlos I se halla enclavada entre colinas de color oscuro. Sobre ella se eleva una montaña que recibe el nombre de Pico Reina Sofía, a partir de la cual se extiende una masa glaciar dividida en dos lenguas principales en las cuales trabajamos: el llamado glaciar Johnson y el Hurd. Este es el campo principal de actuación del equipo de técnicos de montaña al cual pertenezco. Sobre estos glaciares apoyamos un proyecto que estudia la dinámica de los glaciares gracias a la medición constante de una red de estacas situada en todo el glaciar. Calculando la posición de ellas año tras año se determina su movimiento con el paso del tiempo.
Travesía en zodiac por la bahía sur de la península Hurd, en la antártica isla Livingstone, donde se encuentra la base científica española Juan Carlos I. /HILO MORENO

Vértigo horizontal

Los días pasan y el glaciar se convierte en nuestra segunda casa. Son muchas las horas que pasamos conduciendo nuestras motos de nieve de una estaca a otra, guiados por el GPS y sumergidos en una niebla espesa como la leche. Cuando las nubes son muy densas sobre el glaciar, la visibilidad es nula y la blancura de la nieve se confunde con la del cielo. Las perspectivas se difuminan y la sensación es parecida a la de estar dentro de una pelota de ping-pong. En los países angloparlantes se conoce el fenómeno como white out o blancura total, y puede llegar incluso a producir una especie de vértigo horizontal. Cuando la zona de trabajo dentro del glaciar es demasiado peligrosa debido a la presencia de grietas, las aproximaciones se hacen con esquís, pues estos son más ligeros que las motos de nieve y reducen el riesgo de caer a las profundidades del hielo, a las entrañas de un glaciar siempre en movimiento.
Tras una jornada de trabajo en ese ambiente neblinoso la vuelta a la base es sinónimo de calidez y de regreso a la realidad. La cocina y el comedor se convierten en el refugio y punto de reunión de técnicos y científicos. Ramón, el cocinero, se encarga de mantenernos alimentados durante toda la campaña. A él acudimos para desconectar de nuestro trabajo, saciar nuestra hambre o contarle cualquier pena.
Instalación de un prototipo para la emisión y recepción de datos a larga distancia en una de las cimas cercanas a la base científica, en isla Livingston (Antártida). / HILO MORENO
Pese a la disminución del presupuesto destinado a la campaña antártica y su consecuente impacto en el número de científicos que han venido este año hasta la base, hay otros proyectos a los cuales damos apoyo. Desde el inicio de la presencia científica española en este continente, la Agencia Española de Meteorología ha estado recogiendo datos de las diversas estaciones situadas en esta zona de la Antártida. Parte de nuestra labor, a menudo, consiste en acompañar a los investigadores que trabajan en ellas hasta los lugares retirados donde se encuentran. Durante esta temporada otras labores de muestreo se están desarrollando en los alrededores de la base Juan Carlos I, como la de recogida de muestras de líquenes en zonas donde el glaciar ha retrocedido o el estudio del permafrost, una capa del suelo que permanece siempre congelada en lugares concretos de esta región polar. Otro de nuestros trabajos consiste en ascender a cimas de los alrededores con objeto de instalar prototipos para la emisión y recepción de datos a larga distancia. Estudios sobre el geomagnetismo o la recogida periódica de muestras de agua marina completan el panorama científico de una campaña antártica que transcurre a medio gas respecto a años pasados.
Estos son los proyectos a los que el equipo de guías de montaña de la base presta su apoyo año tras año, pero todo técnico de los que aquí trabajamos, aparte de su cometido específico, sea cocinar para treinta personas o reparar la excavadora averiada, ha de participar en las labores de mantenimiento general y logística de la estación. Facilitar la estancia y apoyar el trabajo del grupo de investigadores que acude todos los años a este rincón desolado del planeta para hacer ciencia es el objetivo final de todo el personal técnico de la base. Ello puede incluir escalar una montaña, quemar residuos humanos en la incineradora o poner la mesa a mediodía y servir el postre.